Se sentía como terciopelo el recorrido de su dedo por mi espalda, inundándome de un incómodo placer, de esos que quieres repetir. Tomé mi silla e intenté acercarme a él sin entorpecer su recorrido, dejándole en claro mi total aprobación a su actuar. Era algo que no debía pasar, ambos lo sabíamos, pero era algo […]
Léelo completo aquí
+