El Encuentro

Nos vemos después de esta larga cuarentena. Habiéndonos desconectado por tanto tiempo… el corazón se me detiene. Nos clavamos los ojos sin decir nada, solo mirarnos nos da escalofríos por todo el cuerpo. Al mirarte así, puedo sentir como instantáneamente me empiezo a excitar, a sentir mi ropa interior húmeda, mi respiración agitada. No sé […]

Nos vemos después de esta larga cuarentena.

Habiéndonos desconectado por tanto tiempo… el corazón se me detiene.

Nos clavamos los ojos sin decir nada, solo mirarnos nos da escalofríos por todo el cuerpo.
Al mirarte así, puedo sentir como instantáneamente me empiezo a excitar, a sentir mi ropa interior húmeda, mi respiración agitada. No sé si fue una hora o un segundo que nos miramos…
Entras y saludas al grupo… hay que aparentar, máscaras puestas.
Ya es tarde y empiezan a irse. Cada vez que alguien se va, me miras fijo a los ojos, como queriendo decirme algo y me cortas la respiración.

Estoy en la cocina preparándome un té. Te acercas y me susurras al oído: «no doy más, te ves hermosa y me tienes loco»
Sales de la cocina nuevamente y me dejas con mi té y e incapaz de coordinar un movimiento, por esa información.

Nos vamos quedando solos los dos en nuestra área de la cooperativa.

No puedo dejar de pensar «¿En qué me metí?»

Todo el día recibiendo mensajes de texto que me tienen muy excitada, ha sido una hazaña concentrarme. El día se acaba y oficialmente quedamos tú y yo. Me lo haces notar enviándome un mensaje de texto.

Ya voy cerrando mi última reunión y suena mi teléfono: «Por favor ven a mi oficina» (en un tono muy serio)

Voy a tu oficina y la conversación es de trabajo, de vez en cuando me miras directo a los ojos y nadie habla.

Seguro hay más gente en la cooperativa, pienso.

Siento tu pie en el mío y es un escalofrío por todo el cuerpo. A lo que me paro y te pregunto: «¿es todo?»

Me indicas que no, que hay otra cosa que necesitas revisar.

Me siento y me apoyo en el mesón lateral.  «¿Te molesta si me quedo de pie?»- No, para nada- respondes.

Y te paras y me sigues conversando mientras caminas a la puerta, miras hacia afuera como comprobando que no hay nadie, cierras la puerta y te acercas.

Sigues hablándome y te acercas, cada vez más sin detenerte.

Ya frente a mí, sigues hablándome y mirándome fijamente a los ojos, ya no soy capaz de oír lo que me hablas.

Tu mano ya está en mi pierna, paras de hablar y tu boca se va a mi cuello…

Me tomas de la cintura y me sientas sobre el mueble.

Ya sin control ni mesura subes mi falda y corres mi ropa interior mientras yo desabrocho tu pantalón y lo bajo.

Bajas tus manos por mi espalda, agarras mi trasero con fuerza y me acercas al borde del mesón para finalmente entrar en mí, fuerte y brusco, como saber que me gusta. Lo haces una y otra vez, mientras yo ahogo mis gemidos en la palma de mi mano. Tu intentas ser silente, pero te es casi imposible. El deseo, la excitación, el calor, el roce, todo es mucho y sin poder evitarlo llegas al clímax.

Te das cuenta de que no ha terminado esto para mí y me levantas para sientarme en tu silla.

Me besas mientras bajas mi ropa interior, bajas y me besas ahora en otros labios. Y encontrándome cerca del clímax sumado a tu maestría en lo oral, que te caracteriza…

Yo simplemente me dejo complacer y lentamente mis músculos comienzan a tensarse, la respiración se vuelve agitar, siento el infierno desatado en mi entrepierna y se me entrecorta la respiración…

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