Ella puso sus manos una a cada lado de su cara y esta vez las embestidas eran cada vez más brutales. El rezaba por no acabar aún.
La mirada de ella estaba clavada en él y él podía ver con claridad las brasas vivas dentro de sus ojos. Absolutamente sometido a esta diosa de pura lujuria, él intentaba no acabar.
“No acabes! Hasta que te lo indique” le ordenó ella leyendo su esfuerzo.
Ella continuaba sus embestidas y él sentía, en cada una de ellas, como llegaba cada vez, más profundo dentro de ella. Sentía la estrechez de su sexo y como ella jugaba con sus contracciones presionando su miembro.
Lo tenía loco, ya no podía más. Su mirada era suficiente para tenerlo al borde del orgasmo.
“No acabes” le dijo ella como si le leyera la mente
Ella emite un profundo gemido gutural y enseguida el siente una cálida humedad en su ya excitado miembro. Ella acabó sobre él, mientras que el aún no tenía permiso para acabar.
Levantando solo las caderas se desencajó de él, pero sólo para volver a montarlo. Esta vez: por su estrechez.
Él no podía creer lo que estaba pasando.
Ella poco a poco se penetra con él totalmente e inicia nuevamente el baile.
Él tensa las ataduras de sus manos, no puede más, gime, suplica, está al borde del abismo. Ella va por más y más, él ya ruega por alivio.
La estrechez de ella presiona por completo el su miembro en todo su recorrido, una y otra vez. Él siente esa presión subir y bajar, siente su sangre hervir, siente que va a estallar en cualquier momento, pero saber que aún no puede, como un hechizo, lo tiene al borde, sin poder descargar.
Ella con sus embistes lleva a su miembro a lo más profundo, lo ensarta completo y se mueve con él dentro hacia adelante y atrás. Él pone los ojos en blanco, no puede más, gime, grita. Sus manos atadas aún se aferran a la cabecera de la cama.
“Acaba” le ordena ella.
Sin tener el control alguno él sobre su cuerpo, cumple la instrucción de ella y revienta en su culo. La llena por completo, estalla interminablemente en olas blancas de alivio y el placer deja su mente en blanco. Todo desaparece por un segundo y una gran paz lo embarga, una satisfacción plena.
Ella se levanta y desata sus manos. Le besa la frente y agradece por la excelente sesión, se gira y camina hacia su ropa. Él desde lejos, perplejo, aún embriagado por el éxtasis, la ve como se viste.
Ella se gira, le tira un beso y se va. El aún desnudo sobre la cama cae en cuenta que nunca supo su nombre.